Dice uno cuando se enamora.

Dice uno cuando se enamora.

Los 10 más perdidos.
Hay cosas que tienden a perderse. Cosas miméticas, traviesas, que parecen disfrutar verte pasar de un lado a otro, revolver los cojines, asomarte debajo de las camas, vaciar la cartera y recorrer estúpidamente los 65 m2 de tu apartamento, en un acto parecido al de un perro que se persigue la cola. Ante el peligro de que esas cosas detestables y perdedizas, terminen contagiándolo todo, cumplo con advertir al lector cuáles son las 10 más peligrosas, para que tome las previsiones correspondientes, evitando en definitiva perder, gracias a ellas, algo mucho más importante, como el sentido común o la cabeza:
1. Los controles remotos de cualquier tipo
2. Los paraguas en los días de lluvia
3. Los cargadores de los celulares
4. Las tapas de los Tuppers
5. El ticket del estacionamiento
6. La página en la cual interrumpiste la lectura
7. Las llaves
8. Una sola media en la secadora
9. Los sacacorchos
10. (se perdió y no pude encontrarlo)

Los 10 más perdidos.

Hay cosas que tienden a perderse. Cosas miméticas, traviesas, que parecen disfrutar verte pasar de un lado a otro, revolver los cojines, asomarte debajo de las camas, vaciar la cartera y recorrer estúpidamente los 65 m2 de tu apartamento, en un acto parecido al de un perro que se persigue la cola. Ante el peligro de que esas cosas detestables y perdedizas, terminen contagiándolo todo, cumplo con advertir al lector cuáles son las 10 más peligrosas, para que tome las previsiones correspondientes, evitando en definitiva perder, gracias a ellas, algo mucho más importante, como el sentido común o la cabeza:

1. Los controles remotos de cualquier tipo

2. Los paraguas en los días de lluvia

3. Los cargadores de los celulares

4. Las tapas de los Tuppers

5. El ticket del estacionamiento

6. La página en la cual interrumpiste la lectura

7. Las llaves

8. Una sola media en la secadora

9. Los sacacorchos

10. (se perdió y no pude encontrarlo)

Breaking bad.
Hoy pasan el capítulo final de mi serie favorita de todos los tiempos. Y eso quiere decir que voy a estar viviendo, al mismo tiempo, el mejor y el peor día de mi vida.
Yay! Fuck! 

Breaking bad.

Hoy pasan el capítulo final de mi serie favorita de todos los tiempos. Y eso quiere decir que voy a estar viviendo, al mismo tiempo, el mejor y el peor día de mi vida.

Yay! Fuck! 

Hay ciertos errores que cometo a propósito.
A propósito cambio las cantidades de los ingredientes cuando sigo una receta. A propósito me equivoco escribiendo la clave de la tarjeta cuando la cajera me cae mal. A propósito no escucho el teléfono cuando estoy inmersa en las páginas de un libro. A propósito pronuncio mal las palabras en italiano para que me corrijan. A propósito puede ser que se me olvide la pijama cuando me voy de viaje. Y a propósito me enamoro, porque aunque siempre es un error, a veces parece un error sensato. Una tontería incuestionable. 
Bajo el torpe y adictivo efecto del amor, soy otra persona. Una persona que no teme equivocarse, y que de hecho, lo hace a propósito, como si fuera uno de esos comediantes de los años 40s que se especializaban en pisar cáscaras de bananas. Pero lo bueno es que, al igual que ellos, yo también emociono a alguien. Lo hago reír y sonrerír. Y la sonrisa, para quienes no lo sepan, es un síntoma inequívoco de la felicidad.  

Hay ciertos errores que cometo a propósito.

A propósito cambio las cantidades de los ingredientes cuando sigo una receta. A propósito me equivoco escribiendo la clave de la tarjeta cuando la cajera me cae mal. A propósito no escucho el teléfono cuando estoy inmersa en las páginas de un libro. A propósito pronuncio mal las palabras en italiano para que me corrijan. A propósito puede ser que se me olvide la pijama cuando me voy de viaje. Y a propósito me enamoro, porque aunque siempre es un error, a veces parece un error sensato. Una tontería incuestionable. 

Bajo el torpe y adictivo efecto del amor, soy otra persona. Una persona que no teme equivocarse, y que de hecho, lo hace a propósito, como si fuera uno de esos comediantes de los años 40s que se especializaban en pisar cáscaras de bananas. Pero lo bueno es que, al igual que ellos, yo también emociono a alguien. Lo hago reír y sonrerír. Y la sonrisa, para quienes no lo sepan, es un síntoma inequívoco de la felicidad.  

Todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien. 

Todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien, todo va a estar bien. 

Inventario injustificado de las frutas que tengo en mi cocina.
1 piña
7 duraznos
2 parchitas
1/2 patilla
2 mangos
1 papaya
3 manzanas
5 bananas
Sí. Oficialmente soy algo así como un pájaro millonario :)

Inventario injustificado de las frutas que tengo en mi cocina.

  • 1 piña
  • 7 duraznos
  • 2 parchitas
  • 1/2 patilla
  • 2 mangos
  • 1 papaya
  • 3 manzanas
  • 5 bananas

Sí. Oficialmente soy algo así como un pájaro millonario :)

Uno camina hasta que se detiene. Cree hasta que duda. Es valiente hasta que se acobarda. Sonríe hasta que llora. Está sano hasta que se enferma. Es joven hasta que envejece. Baila hasta que se cansa. Trabaja hasta que renuncia. Sueña hasta que se despierta. Ama hasta que deja de amar. Así es la vida. Y no hay que contradecirla. 

Uno camina hasta que se detiene. Cree hasta que duda. Es valiente hasta que se acobarda. Sonríe hasta que llora. Está sano hasta que se enferma. Es joven hasta que envejece. Baila hasta que se cansa. Trabaja hasta que renuncia. Sueña hasta que se despierta. Ama hasta que deja de amar. Así es la vida. Y no hay que contradecirla. 

Lo ideal sería que existieran señales para todo. Señales universales, como la de pedir la cuenta o como un perro moviendo la cola. Una señal para rechazar a alguien, otra para terminar con alguien, una más para decirle a tu jefe que estás enferma y que no puedes ir a trabajar. Señales inequívocas, que no requieran subtítulos, ni explicaciones.

Lo ideal sería que existieran señales para todo. Señales universales, como la de pedir la cuenta o como un perro moviendo la cola. Una señal para rechazar a alguien, otra para terminar con alguien, una más para decirle a tu jefe que estás enferma y que no puedes ir a trabajar. Señales inequívocas, que no requieran subtítulos, ni explicaciones.

Cosas que seguro se inventaron un lunes.
El insomnio
Los errores arbitrales
El jugo de lechosa
La palabra “chancleta”
Los despertadores
Las espinas del pescado
Las monedas chiquitas
La ley de Murphy

Cosas que seguro se inventaron un lunes.

  • El insomnio
  • Los errores arbitrales
  • El jugo de lechosa
  • La palabra “chancleta”
  • Los despertadores
  • Las espinas del pescado
  • Las monedas chiquitas
  • La ley de Murphy

Gracias Mr. X por regalarme su regalo.
Últimamente he desarrollado una especie de fanatismo por las bebidas calientes. Me gusta el vértigo de estar siempre a punto de quemarte la lengua, el equilibrio que hay que tener para no inclinar demasiado la taza cuando te la llevas a la boca y el ritmo necesario para terminarte la última gota del té o la infusión antes de que se enfríe. De todos los tipos de té, mis preferidos, por mucho, son el té blanco y el té verde orgánico, pero también me gustan el té de jazmín, el indian chai, el oolong, la infusión de menta o de limoncillo y el té rojo. Sin embargo, en estos días, y por culpa de una caja de Twinings que compré para un regalo nunca entregado, ahora estoy obsesionada con el té negro con leche. Sí, obsesionada. Sí, té negro con leche. Esta nueva bebida (nueva para mí) que encuentro aromática e indulgente, ha desplazado en poco tiempo a mi adorado café tico de las mañanas, que pasó del gabinete que me queda a la mano, al gabinete alto que requiere ser alcanzado con el banquito destinado para tal fin. No sé cuánto me durará esta fijación (porque entre otras, practico la filosofía de nunca intentar adivinar el futuro, aunque sepa exactamente lo que va a pasar), pero por ahora la humeante taza de té negro con leche es, simple y caprichosamente, mi cosa favorita en el mundo.

Gracias Mr. X por regalarme su regalo.

Últimamente he desarrollado una especie de fanatismo por las bebidas calientes. Me gusta el vértigo de estar siempre a punto de quemarte la lengua, el equilibrio que hay que tener para no inclinar demasiado la taza cuando te la llevas a la boca y el ritmo necesario para terminarte la última gota del té o la infusión antes de que se enfríe. De todos los tipos de té, mis preferidos, por mucho, son el té blanco y el té verde orgánico, pero también me gustan el té de jazmín, el indian chai, el oolong, la infusión de menta o de limoncillo y el té rojo. Sin embargo, en estos días, y por culpa de una caja de Twinings que compré para un regalo nunca entregado, ahora estoy obsesionada con el té negro con leche. Sí, obsesionada. Sí, té negro con leche. Esta nueva bebida (nueva para mí) que encuentro aromática e indulgente, ha desplazado en poco tiempo a mi adorado café tico de las mañanas, que pasó del gabinete que me queda a la mano, al gabinete alto que requiere ser alcanzado con el banquito destinado para tal fin. No sé cuánto me durará esta fijación (porque entre otras, practico la filosofía de nunca intentar adivinar el futuro, aunque sepa exactamente lo que va a pasar), pero por ahora la humeante taza de té negro con leche es, simple y caprichosamente, mi cosa favorita en el mundo.